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PERISCOPIO CULTURAL

Armando Espinoza Incerri

(2008 10 12)

12 DE OCTUBRE: ENTRE  LA RESISTENCIA Y LA GLOBALIZACIÓN

1. ALGO DE LA RESISTENCIA ORIGINARIA.

 Año 1492: mientras Antonio de Nebrija publica la primera gramática castellana; Cristóforo Colombo arriba a la isla de Guaraní, de las Bahamas, en el extremo occidental del Atlántico, y la bautiza con el nombre de San Salvador. Dos hechos que pudieran considerarse sin relación alguna concurren en un episodio particularísimo, que bien vale la pena evocar: el autor de la prima gramática entregaría un ejemplar dedicado a Isabel I de Castilla., también conocida como La Católica. La reina le preguntó ¿Por qué querría yo un trabajo como este, si yo conozco la lengua? La respuesta  la hemos leído o escuchado, por lo menos, en dos versiones. La contestación sería contundente, y no menos interesante, si consideramos el arribo del Almirante a tierras originarias. Su alteza, la lengua marcha con el imperio.

“El 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía descansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 23 de noviembre profetizó: Tendrá todo la cristiandad negocio con ellas…” (Galeano, 1992).

Así parece iniciarse, en el siglo XV, el proceso de mundialización del modo de producción capitalista. La Pinta , La Niña y la Santa María buscando la costa oriental de Asia y sus islas, arriban a un continente que llamaría Américo Vespucci: el Nuevo Mundo. El orbe occidental descubre la tierra como planeta. La transformación de la fórmula mercancía-dinero-mercancía da paso a dinero-mercancía-dinero prima y de esa manera el capitalismo mercantil  emprende su travesía por los mares hasta hacerse planetario. Si la vida, según Oparín, vino del mar; el capitalismo llego a América por el mismo camino. La invasión a América es seguida del proceso de conquista. Se trastocaron no menos de 15 mil años de culturas. “La más feroz amputación de su historia” y el saldo humano de la invasión superó los 30 millones de indígenas muertos. “…Un siglo y medio después de la conquista, habían desaparecido casi 100 millones de seres humanos…” 

Se dan inicios a procesos de aculturación compulsiva concomitantes a la resistencia. La revolución de Nicolás Copérnico derriba el enfoque del cosmos. El mundo comienza a occidentalizarse y “otro imperio entra en la historia a paso avasallante”. Se configura la Era Planetaria. “En un poco más de medio siglo, el cristianismo, las lenguas españolas y portuguesas, las bases e instituciones de la cultura occidental, con su herencia greco-romana-judía, formaron la base cierta e irrenunciable de la realidad cultural de los hijos del  Nuevo Mundo” (Uslar Pietri, 1991). Pero la resistencia sigue, la resistencia continúa.

Venezuela. El asunto, en nuestras tierras, comienza en el año 1498. El almirante arriba a Margarita, Coche y Macuro, que llamaría Puerto Colón. También llega a Boca de los Dragos y a Cubagua y muy a pesar de no pisar tierra, recorrería la costa norte de lo que es hoy el territorio de Venezuela. El proceso de invasión duraría 48 años. Si el 23 de Diciembre de 1511 se da inicio oficial a la guerra contra los pueblos indígenas y se les concede licencia, por Real Cédula, a los conquistadores para esclavizarlos;  quiere decir que nuestros pueblos originarios, en apenas 17 años de invasión, ya andaban insurrectos, destruyendo conventos, ajusticiando gobernadores, instrumentando la guerra de guerrillas. Incluso doscientos  indios cristianos también se sublevaron al mando del cacique don Marcos (Bacoa), como sucedería en Coro, producto del maltrato y la esclavitud, en el año 1534. La reina misma da la orden: “…que se les deje en libertad”. Muy a pesar de ser evangelizados, la resistencia alcanza forma de explosión popular.

Un solo ejemplo bastaría para ponderar la resistencia indígena: étnica, cultural, política, telúrica e histórica. Año 1499. Alonso de Ojeda, Juan de la Cosa y Américo Vespucio, navegan las costas desde Paria hasta la Guajira. En eso andaban, cuando arriban al golfo de Coquivacoa, actualmente llamado de Venezuela. De igual manera llegan al lago de San Bartolomé: el lago de Maracaibo. La cuenca de este lago estaba constituida por una espaciosa región histórica,  la cual era morada de poblaciones de las culturas chibcha, caribe y arawaka y que alcanzaba una extensión hasta toda la península de la Guajira y la desembocadura del río Magdalena y  hacia el sur penetraba el piedemonte andino hasta el actual estado Táchira.

La comunidad étnica Barí llama a los que no son indígenas, particularmente a los blancos: dabagdó. “Toda la historia, (desde 1499,… hasta nuestros días) se puede reducir a una frase: los barí defendiendo sus derechos y los dabagdó empeñados en conculcarlos… La historia de las relaciones barí-dabagdó se puede encuadrar en cuatro grandes períodos. El primero y el tercero de absoluta hostilidad…” (Setién, 1996).  El 24 de Agosto de 1499, Alonso de Ojeda arriba al lago de Maracaibo. “Se adentra por el mismo en dirección sur. Precisamente, en torno a la desembocadura del Catatumbo, una flecha barí se clava en su pierna. Esa flecha inaugura esta historia”: la historia de la resistencia cultural indígena.  “Durante el siglo XVI se comienza a configurar el aparato productivo en torno al lago, sobre todo, lógicamente, en la parte norte del mismo. Los barí serán los visitantes intempestivos e inoportunos que aparecen, flechan, roban y desaparecen” (Setién, 1996).

Este primer período que comprende 1499 a 1772, abarca 173 años de resistencia. Los dabagdó llamaron a los barí motilones. Un nombre cargado de ignominia. También los Yukpas serían llamados igual. El desprecio por los motiles asesinos, motilones caníbales, motilones salvajes se mantuvo hasta bien entrada la década de los años 50 del siglo XX. Pero los barí hostilizaron a los españoles en Ocaña, la Grita , Gibraltar y en Maracaibo y cuando los conquistadores pudieron hacer contacto con esta comunidad indígena, los barí asimilaron el proceso misional de manera libre. Medio siglo de entendimiento (1772-1821). Los capuchinos de entonces advirtieron el necesario buen trato que tendrían que  darle a los barí. Rota la estructura colonial la guerra comienza de nuevo. “Los barí nunca presentaron batalla, era una guerra de guerrillas, De pronto aparecen en Perijá: matan, roban y desaparecen. A los dos años aparecen en otro sitio…” La selva su gran ecosistema.

El tercer período sería el más sangriento de su historia. Transcurre entre 1821 al 1960. Enfrentamientos con el ferrocarril y con las petroleras, así como a las razzias de los hacendados, la electricidad de alta tensión, la sal envenenada, el fuego, las balas de los militares de la democracia buerguesa. Se pagaban cinco bolívares por la orejas de los barí. “En la ranchería de Machique se hacía esa transacción. Decenas de orejas de barí, ensartadas en alambre, eran compradas con el único fin de propiciar el exterminio del barí” (Setién, 1996). La única razón de tanto crimen: las tierras de los barí. La prensa se hizo eco y cómplice de todos los atropellos. Un 22 de Julio del año 1960 se firma un acuerdo con los misioneros.

2. CULTURA DE LA RESISTENCIA.

El  proceso de expansión del capitalismo a nivel planetario, la mundialización, en el siglo XV, da inicio a “el importante dilema de una historia colonial y una historia de ininterrumpidas resistencia americana…”.    Al iniciarse procesos de imposición de una cultura dominante sobre una cultura dominada, lo que define la aculturación, se produce en la cultura oprimida respuestas y esfuerzos por salvar su sentido de pertenencia. Un rechazo a la ocupación física y espiritual comienza a definirse a veces bajo formas encubiertas, también de resistencia pasiva, resistencia primaria luego secundaría, que implica una mejor elaboración conceptual política. También formas alternativas de resistencia o bien abiertas rebeliones y constantes luchas políticas o en luchas reivindicativas, así como frontales confrontaciones. El arcabuz, el caballo y la espada establecería la diferencia.

En otras oportunidades la identidad se ve obligada a refugiarse, pero sigue siendo parte del mundo cotidiano, no valorado y soslayado por la cultura dominante. En las siguientes se produce un sincretismo, en otros una transformación formal, empero su núcleo central de sentido queda intacto. “La cultura de la resistencia se manifiesta en todas la esferas de la  sociedad; puede observarse en lo político, en lo económico, en las diferentes formas de la cultura artística y literaria, en la religión, etc. (González, 2001).

Quizás, la plena conciencia o el henchido desarrollo de lucha de la cultura de la resistencia se producen cuando se transita de la identidad cultural a la cultura política y  de ésta a la cultura de liberación. Aquí “…la idea de la resistencia cultural… (es) vista en este caso a través del prisma de un fenómeno socio-político. El rechazo a la dominación externa, como una constante búsqueda de la emancipación y la soberanía” (González, 2001) implica la toma de conciencia de clase y la formulación de un proyecto político antiimperialista.

La resistencia cultural en la sociedad contemporánea poscapitalista, caracteriza por la cultura de masas, fundamentada en el mercado y la rentabilidad, donde todo tiene precio, en la cual lo primordial es el consumo y el estatus, tienen en las culturas, populares, constitutivas de una determinada nacionalidad, formas de asistir a la vida de la resistencia donde las culturas populares: ancestrales, indígenas, afrodescendientes y de las comunidades étnicas criollas y binacionales-biculturales representan una forma específica y concreta de dar respuesta a una cultura estandarizada, de consumo masivo y de mercado competitivo.

La cultura de la resistencia significa valores solidarios, de cayapa, de encuentro y de sentido de pertenencia. De heredad y ética multicultural. Ésta transita desde la conservación de una tradición histórica y patrimonial hasta la asimilación de las formas de la cultura académica e industrial masiva, que incorpora la comunidad porque vive en un mundo cultural globalizado y porque, permanentemente, asume su papel de demiurgo en su comunidad étnica. “…la configuración actual de los imaginarios de vida pasa necesariamente por la llamada cultura de masas…” (Bisbal, 1.999).

Hoy por hoy, la cultura de la resistencia coexiste necesariamente con la cultura académica y la cultura de masas. Experimenta tres aspectos, a saber: la conservación, la asimilación y la creación. La herencia ancestral y su núcleo central de sentido le confieren un auténtico sentido de pertenencia, el cual expresa un pasado y un presente híbrido. La lucha se establece en términos de conservar la tradición, la herencia cultural y proteger lo que significa como patrimonio. El presente y  la construcción de un futuro se suceden en una parte por el asimilar elementos de los otros campos culturales que pernean esa tradición. En ese momento se sucede la creación de formas culturales que se tornan híbridas y expresan una síntesis. Esos tres sucesos constituyen “la expresión dialéctica de esa relación entre lo general y lo particular que se da en todo proceso cultural verdadero”. La resistencia cultural es histórica pero demasiado actual. Presente en el devenir diario y cotidiano de las realidades y procesos culturales específicos y generales. Cada vez que montamos un sancocho estamos haciendo, desde cualquier punto de vista, consciente o inconscientemente, un acto de resistencia cultura culinaria.

3. CULTURA GLOBAL Y RESISTENCIA FESTIVA CULTURAL.

La globalización representa un fenómeno histórico de reciente data, que si bien comenzó por lo económico, se traslado a lo político y también ha alcanzado el modo de vivir de las naciones, pueblos y comunidades. El proceso de globalización en lo cultural…se formula en términos de transnacionalización de la cultura y se ha canalizado a través de los medios de comunicación de masas y el comercio internacional (Ander-Egg, 1998).

Los valores de la cultura del poscapitalismo, la globalización y el neo liberalismo se caracterizan por transitar desde la banalización hasta la conciencia planetaria; desde la cultura de lo frívolo hasta la global; desde el conformismo a la evasión; desde la cultura publicitaria a la cultura del consumo masivo y compulsivo; desde la cultura propagandista hasta la cibercultura; desde la cultura del espectáculo y hollywoodense hasta la cultura light; desde la norteamericanización del estilo de vida hasta la cultura de lo anodino de la vida cotidiana; desde el derrumbe de la utopía hasta la aldea global made in USA; desde la telebasura hasta la universalización del modo de vida burgués; desde el folclor planetario hasta las redes de información; desde la macdonalización de la cultura hasta la universalización de la insolidaridad. Se trata de la homogeneización y estandarización cultural a escala mundial y planetaria.

Contiguo a la cultura estandariza, se sucede otra cultura, la festiva, que corresponde al Campo Cultural Residencial y define a las culturas populares constitutivas de una determinada nacionalidad. El carácter étnico de estas expresiones resulta definitorio: puede pertenecer a nuestros pueblos y comunidades originarias, a las comunidades afrodescendientes, categoría en polémica, a las comunidades étnicas criollas y a las comunidades étnicas binacionales-biculturales. Ello nos  habla del carácter multiétnico.

Junto al Campo Cultural Académico, que abarca desde el preescolar hasta el postdoctorado, está el Campo Industrial Masivo, cuyos productos culturales son en serie y corresponden a la cultura massmediática. La existencia concomitante a estos dos campos culturales, corresponde al Campo Cultural Residencial, propio de las localidades y microlocalidades: espacios comunitarios habitables y telúricos históricamente determinados. La cultura popular-residencial que se realiza en esas comunidades constituye la cultura de la resistencia. La cultura de masas viene a ser la cultura de la globalización. Ambas constituyen opuestos históricos antagónicos pero, también, y en muchas oportunidades, complementarios. La cultura popular se hace masiva cuando se transforma en enlatado.

La cultura festiva, llena de muchas expresiones, de gran cantidad de formas y de no menos  celebraciones, se ha desarrollado, a lo largo de su historia matria, como todo un conjunto de características que le confieren personalidad y cosmovisión culturales a las comunidades étnicas que la realización. Su devenir se realiza en un  “espacio habitable que está constituido por una ecobase (condición físico-natural) y una realización social  (condición social)” (Guitián, 1993). Se caracteriza por una “alta informalidad en la producción,  trasmisión  de mensajes  y tiene una producción de bienes culturales  en pequeña escala”  (EAGO, 1997).

Las culturas residenciales posee “una lengua materna y otras lenguas...portadoras de una  cosmovisión”. Constituye un “tejido de relaciones sociales cristalizadas en diversas instituciones”. Constituyen  “Un ámbito espacial, telúrico, como una relación con una tierra que proporciona alimentos, un estilo de vida, suscita una economía, unas técnicas, una artesanía, pero sobre todo un cobijo, una comunión no siempre fácil, dialéctica, con tensiones, pero real” De igual manera, posee “un sistema de creencias, costumbres, actitudes y modos de reaccionar, representaciones simbólicas o universos simbólicos, valores, expectativas…” (Maldonado, 1985). La Aldea Cultural , que coexiste con la Aldea  Global ,  representa una forma histórica y contemporánea a asistir a la vida desde la resistencia.

La Venezuela ancestral e indígena es dignificada en los propios albores del siglo XXI. El Capítulo VIII de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece los derechos de los pueblos indígenas (Desde el Artículo 119 al Artículo 126). En ocho (8) unidades normativas fundamentales y fundacionales se estable el reconocimiento de la dimensión cultural, histórica, social lingüística y política de nuestros pueblos originarios y son declarados  patrimonial cultural de la nación. Ya el cacique Guacaipuro forma parte del Panteón Nacional. Jóvenes revolucionarios y adultos comprometidos, en tremendo acto simbólico, tumbaron la estatua de Colón.

El 10 de Octubre del año 2002, un Decreto presidencial, Nº 2028, publicado en la Gaceta Oficial Extraordinario, Nº 5.605, convierte el 12 de Octubre de cada año en Día de la Resistencia Indígena. La Asamblea Nacional al año siguiente ratifica  la decisión presidencial mediante Acuerdo. La emisora libre y comunitaria de  Caricuao, Radio Perola, 92.3 FM, tramite el Himno Nacional interpretado por Alí Rafael Primera y luego es trasmitido en lengua indígena. Apenas es el comienzo. Un aspecto de los cambios históricos y significativos. Vale la pena recordar: “Monte Ávila Editores, editorial del Estado venezolano, durante el puntofijismo publicó en cantidades fabulosas el libro Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario, de Carlos Rangel, cuyo prólogo de Jean Francois Revel sostiene que “el indio es el cáncer de América”…”. Volver a la ignominia nunca. En todo caso, nos hacemos militantes de la poesía de Gastón Fortis: si después de Irak /como dicen algunos / seguimos nosotros/ Y el cielo se oscurece / y una lluvia de bombas / mortalmente inteligentes /  nos rompe las venas / Resistir camaradas // resistir será la poesía. ¡Qué siga la fiesta y que vacilón …!. Texto integro enviado por Efraín Valenzuela

Hasta el próximo Dios mediante. Contactos: 04147952647, espinarmanjoahoo.es, www.redsocioculturaldesucre.org

 


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